Grandidier y los Estatutos de la Catedral de Estrasburgo

El canónigo Grandidier fue el primero en emitir la opinión de que había hechos históricos análogos entre la sociedad de los francmasones y la de los arquitectos. A finales del siglo XVIII, este abate, que no pertenecía a la Masonería, llegó a esta conclusión basándose en investigaciones y documentos descubiertos por él, concretamente en un resumen de los estatutos de los canteros medievales recogidos en su Ensayo Histórico y topográfico de la Iglesia Catedral de Estrasburgo.

Catedral de Estrasburgod

Enfrente de la Catedral y del Palacio Episcopal, existe un edificio contiguo a la Capilla de Santa Catalina, es el Maurer-Holff, el taller de los masones (albañiles) y canteros de la Catedral. Su origen data de una antigua confraternidad de masones libres de Alemania.

Esta confraternidad, compuesta de maestros y aprendices, poseía una jurisdicción particular, independiente del cuerpo de los otros masones. La sociedad de Estrasburgo abarcaba a todas las de Alemania. Tenía su tribunal en la logia y juzgaba sin apelación las causas, que eran tratadas según las reglas y estatutos de la confraternidad.

Los miembros de esta Sociedad no tenían comunicación alguna con los otros masones que solamente empleaban el mortero y la paleta. Su principal trabajo consistía en el diseño de edificios y en la talla de las piedras, lo que consideraban como un arte muy superior al de los otros masones. La escuadra, el nivel y el compás se convirtieron en sus atributos característicos.

Resueltos a formar un cuerpo independiente de la masa de obreros imaginaron entre ellos palabras de contraseña y toques para distinguirse: la consigna verbal, el saludo, la contraseña manual. Los aprendices, los compañeros y los maestros eran recibidos con ceremonias particulares y secretas. El aprendiz elevado al grado de compañero prestaba juramento de no divulgar jamás de palabra o por escrito las palabras secretas del saludo. Estaba prohibido instruir a los extranjeros en los estatutos constitutivos de la masonería.

El deber de cada maestro de las logias era conservar escrupulosamente los libros de la Sociedad, a fin de que nadie pudiera copiar de ellos los reglamentos. Tenía el derecho de juzgar y castigar a todos los maestros, compañeros y aprendices establecidos en su logia.

El aprendiz que quería llegar a compañero era propuesto por un maestro que, como padrino, daba testimonio de su vida y de sus costumbres. Prestaba juramento de obedecer todos los reglamentos de la Sociedad. El compañero estaba sometido al control del maestro entre cinco y siete años, entonces podía ser admitido en la maestría. Ningún compañero podía salir de la logia o hablar sin permiso del maestro”.

Todo esto lleva a Grandidier a formular la siguiente cuestión:

¿No reconocéis en estos rasgos a los masones venerables de los masones perfectos, iniciados en los misterios de los nombres sagrados, a los francmasones modernos?

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